La resistencia a los antimicrobianos sigue representando una amenaza para la salud pública en Estados Unidos. Según una actualización del informe de los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC), los microorganismos resistentes a los medicamentos continúan dificultando el tratamiento de determinadas infecciones.
El informe estima que los 19 patógenos bacterianos y fúngicos incluidos en la evaluación están asociados con aproximadamente 9,7 millones de infecciones y 50.800 muertes al año en el país. Estas cifras incluyen también las infecciones por Clostridioides difficile, una bacteria relacionada con el uso de antibióticos y la prevención de infecciones.
¿Qué es la resistencia a los antimicrobianos?
La resistencia antimicrobiana ocurre cuando microorganismos, como las bacterias y los hongos, desarrollan mecanismos que les permiten sobrevivir a los medicamentos diseñados para eliminarlos. Esto puede dificultar el tratamiento de algunas infecciones y reducir las opciones terapéuticas disponibles.
El fenómeno no significa que el organismo de una persona se vuelva resistente a los antibióticos, sino que son los microorganismos los que desarrollan esa capacidad.
Microorganismos identificados entre las principales amenazas
El CDC clasifica los patógenos según el nivel de amenaza que representan para la salud pública. Entre los identificados como amenazas urgentes se encuentran:
- Candida auris: un hongo que puede provocar infecciones graves, especialmente en personas hospitalizadas o con condiciones médicas delicadas.
- Enterobacterales resistentes a los carbapenémicos (CRE): bacterias resistentes a una clase importante de antibióticos.
- Acinetobacter resistente a los carbapenémicos: bacteria asociada con infecciones difíciles de tratar, particularmente en entornos sanitarios.
- Neisseria gonorrhoeae resistente a los medicamentos: bacteria responsable de la gonorrea, una infección de transmisión sexual.
El informe también contempla amenazas graves, como el estafilococo resistente a la meticilina (MRSA), determinadas cepas de Salmonella y la tuberculosis resistente a los medicamentos.
El uso responsable de antibióticos es fundamental
El CDC advierte que el uso de antibióticos y antifúngicos puede favorecer el desarrollo de resistencia al permitir que los microorganismos capaces de tolerar estos tratamientos sobrevivan y se multipliquen. La resistencia también puede propagarse entre personas, animales y el medioambiente.
Para reducir los riesgos, las autoridades sanitarias recomiendan utilizar antibióticos únicamente cuando sean indicados por un profesional de la salud y seguir las instrucciones del tratamiento. Estos medicamentos no sirven para combatir infecciones virales, como el resfriado común o la gripe.
El lavado frecuente de manos, mantener las vacunas al día y adoptar medidas para prevenir infecciones también contribuyen a reducir la propagación de microorganismos resistentes.
La vigilancia epidemiológica, las pruebas de laboratorio, la prevención de infecciones y el uso responsable de los medicamentos forman parte de las estrategias para enfrentar esta amenaza.

